El Cansancio con Lula en Brasil: "No Le Voto Más, Es UN Bandido"

El Cansancio con Lula en Brasil: "No Le Voto Más, Es UN Bandido"
El Cansancio con Lula en Brasil: "No Le Voto Más, Es UN Bandido"
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Guilherme hace una pausa y clava la mirada: "Yo voté a Lula en 2022, pero no le voto más. Es un bandido". Lanza la frase y vuelve a concentrarse en la bandeja que lleva de mesa en mesa en uno de los múltiples bares del centro de Sao Paulo.

A sus 36 años, Guilherme es un claro exponente de la clase media que mejoró sus condiciones de vida en los 18 años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), con cuatro años de interregno de la derecha de Jair Bolsonaro. Nació y creció en Santo André, una ciudad periférica del gran Sao Paulo, pero ahora vive en la capital. Y se quiere comprar una moto, asunto que aprovecha para elogiar a la Argentina de Javier Milei: "La misma moto que aquí me cuesta 25.000 dólares, allí me costaría 12.000. Argentina va mucho mejor que Brasil, el peso es más fuerte que el real".

¿Votará entonces a la derecha de Flavio Bolsonaro? No, ni hablar, dice a EL MUNDO. "Lula es un bandido, y Flavio es un hijo teledirigido por su padre. Voto a Renán", dice en referencia a Renán Santos, un empresario, activista político y músico de 42 años que atrae a los más jóvenes con su locuacidad y contundencia en las redes sociales.

¿Cómo se llegó en cuatro años al desencanto de Guilherme, que de votar a Lula pasó a hartarse de él?

Parte del problema se advierte en la campaña electoral de Lula, que más que la batalla por un cuarto período como presidente parece una nostálgica gira de despedida y agradecimiento.

Lula, presidente entre 2003 y 2011 y entre 2023 y 2027, es presentado como un líder mesiánico, como el hombre al que los brasileños deben agradecer su felicidad y progreso. Su esposa, Janja, aparece junto a un pastor góspel, Kleber Lucas, cantando un tema, Tapete vermelho (alfombra roja) que apunta a conmover a los votantes del nordeste, la región más pobre del país y tradicionalmente favorable a Lula.

"¡Alfombra roja para el hijo del nordeste!", cantan Janja y el pastor, en un tema que define al presidente como "orgullo de Brasil" y "guerrero", y que señala que Lula "no necesita corona, no necesita trono", porque "ser más grande que el rey es ser amado por el pueblo".

En sus vídeos, Lula, que el 27 de octubre cumplirá 81 años, se muestra en un gimnasio y dice estar mejor, "física y mentalmente", que hace 20 años, mientras de fondo suena música épica.

La doble vuelta de las elecciones presidenciales este domingo y el 25 de octubre revelarán si los brasileños buscan un héroe y algo "más grande que un rey", o simplemente un presidente que comience a solucionar problemas nuevos que surgieron tras los incuestionables logros de Lula: ampliar las clases medias, bajar la pobreza, sacar a Brasil del "mapa del hambre" de las Naciones Unidas.

Facundo Guerra, legendario empresario de la noche paulistana, explicó recientemente qué es lo que cree que está pasando para que las encuestas marquen prácticamente un empate entre Lula y Bolsonaro e incluso una ventaja de la derecha en la segunda vuelta.

"Soy de izquierdas, pero estoy cada vez más convencido de que va a ganar la derecha, porque está logrando contar una historia muy convincente. ¿Qué dice la derecha? Que Brasil está en bancarrota. Esa es la gran narrativa del tercer mandato de Lula. El PT ha arruinado a Brasil. En las últimas elecciones, ¿cuál era la gran narrativa que contaba la derecha? Que Brasil se iba a convertir en Venezuela, que Brasil se iba a convertir en Argentina". ¿Y qué responde la izquierda? 'Somos menos malos que ellos'. Lo cierto es que a pesar de que la economía y varios índices están mejor, nadie consigue pagar las facturas. La economía está creciendo, el mercado laboral sigue siendo resistente, las tasas de desempleo son las más bajas de la historia, la inflación está perdiendo un poco de fuerza y, aun así, todos los días vemos en las noticias que alguna empresa ha quebrado y 34 millones de brasileños están en mora".

Guerra describía una "tormenta perfecta" que involucra créditos post pandemia impagables hoy, bancos quedándose con propiedades e incluso fincas agropecuarias, gente endeudándose "simplemente para sobrevivir" y la epidemia de las apuestas deportivas y los casinos online, que Lula prohibió en el último momento tras beneficiarse de la recaudación de impuestos que generaron durante todo su mandato. "Los brasileños que estaban indecisos ahora son simplemente hostiles a Lula", concluyó Guerra.

A esto se le suma la crisis de seguridad ciudadana, un tema tradicionalmente complejo para la izquierda y que estalló en primer plano en octubre 2025 con la redada masiva en dos favelas de Río de Janeiro que dejaron 132 muertos. La redada, que Lula calificó de "masacre", contaba con apoyo mayoritario incluso dentro de las mismas favelas.

A eso apunta también Guilherme, el camarero, que cuenta una historia íntima: "Mi primo robó, fue a la cárcel y con el programa Auxilio prisión junto dinero que cobró al salir. Con ese dinero se compró una moto y volvió a robar. Cuando Lula ganó, mando un video desde la cárcel a mi prima festejando, celebraba que tenía garantizada la salidinha, la salida de la cárcel".

El ambiente, en medio de la pesada humedad y el calor de la mayor ciudad de Occidente, es de escepticismo casi nihilista cuando se pregunta por el voto. Casi no hay entusiasmo, hay sobre todo desinterés o angustia. Se vota mucho más en contra que a favor.

O ni siquiera se vota por alguien, como es el caso de Eduardo, que se gana la vida arriba de un Uber y votará en blanco.

"Voto desde siempre en blanco, los políticos no pueden solucionar nada", asegura. ¿Pero quién debería gobernar entonces si no lo hacen los políticos? ¿Una inteligencia artificial? A Eduardo le brillan los ojos. "Es que yo soy testigo de Jehová, las soluciones están en el reino de Dios. En la próxima vida todo va a estar bien".

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