La Cólera de los Estudiantes Toma las Calles de Francia

La Cólera de los Estudiantes Toma las Calles de Francia
La Cólera de los Estudiantes Toma las Calles de Francia
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La plaza de République estaba ya saturada a las 14.30. La estatua de la Marianne, colonizada por manifestantes que habían trepado con arneses hasta la corona para colocar pancartas. “Suben los costes de la escolarización, también las tarifas universitarias. Recortan en profesores, en sueldos. Todo conduce a la elitización de la educación, a la muerte de los valores de la República y la igualdad social”, clama Gaspar, junto a sus compañeros de Historia del Arte de la Sorbona.

La calle fue este martes el catalizador de la indignación contenida en los últimos meses en Francia. El hartazgo de muchos sectores tras diez años de macronismo, recortes y fragmentación social. La percha sobre la que pendía la protesta era la movilización nacional por parte de las organizaciones de estudiantes de secundaria y universitarios. Había profesores. Pero también sindicatos, bomberos, agricultores. “Esto tiene que durar y desembocar en una huelga general”, protestaba Cyril, profesor de un instituto del distrito III de París.

Unos 900 centros educativos de los 3.700 que hay en Francia vieron sus clases “suspendidas, ya fuera total o parcialmente”, informó el Ministerio de Educación a mediodía. Unas 450.000 personas salieron a la calle en todo el país, de los cuales 100.000 lo hicieron en París, según los organizadores.

La cólera no cogió por sorpresa a nadie. Pero su aspecto es otro. Francia temía el regreso de los chalecos amarillos, convocados a un presente marcado por los recortes y la subida del precio de los carburantes. Pero la llama de la revuelta prendió esta vez en un instituto de la banlieue parisina, los barrios periféricos de la capital, y se propagado por todo el país para protestar por la falta de medios y la precariedad que han hecho jirones la educación pública francesa, viejo emblema de la República y del supuesto ascensor social.

El movimiento estalló el pasado 17 de septiembre en un instituto de Créteil, a las afueras de París. Los alumnos bloquearon el centro para denunciar la falta de medios y de profesores y las condiciones insalubres en los centros de las zonas más apartadas, el suyo entre ellos. En pocos días, y sin que el Gobierno lo viese venir, el movimiento se ha extendido por todo el país, incluidas varias universidades.

Esta vez no son los institutos de la capital, sino los centros de la periferia parisina, harta de sufrir la discriminación en el presupuesto público, los que inflaman el debate. A diferencia de otras veces, el estallido ocurre en otoño y no en primavera y no surge como reacción a una nueva reforma. “Lo más parecido ocurrió en 1990″, explica Gérard, profesor de secundaria de un instituto de Saint-Denis. “Y estamos unidos profesores y estudiantes”, insiste.

Los estudiantes denuncian, de forma algo vaga, la escasez de personal, la falta de reemplazo de bajas, las clases de 35 alumnos, los horarios demasiado cargados o el mal estado de los edificios.

El malestar, sin embargo, no se circunscribe a la educación. El descontento también ha comenzado a centrifugar en torno a la crisis energética y al precio de los carburantes en las gasolineras. El próximo 17 de octubre hay prevista una movilización que el Ejecutivo teme que se convierta en la puesta de largo del regreso de los chalecos amarillos.

Mientras los estudiantes tomaban la calle, el primer ministro, Sébastien Lecornu, daba expliaciones en el Parlamento de la situación. También sobre la violencia policia, que La Francia Insumisa le acababa de reprochar. El jefe del Ejecutivo rechazó la expresión “violencia policial”, considerando que sugeriría la existencia de “instrucciones políticas de represión policial”. “Es falso, es una mentira”, afirmó. Aunque reconoció que durante las operaciones de mantenimiento del orden “pueden ocurrir accidentes”. Se refería, entre otras cosas, a un estudiante que perdió una mano al estallarle una granada y otro, que sufrió una herida grave en un ojo.

Lecornu acusó a La Francia Insumisa de aprovechar las protestas para tensionar el país en plena precampaña electoral. Además, les afeó dar a entender que existiría “una intencionalidad y una desproporción deliberada en el uso de la fuerza”, antes de denunciar como una “segunda mentira” el hecho de “insinuar que la policía de la República y los militares de la gendarmería serían racistas”.

La realidad es que las protestas están siendo también canalizadas por el partido de Jean-Luc Mélenchon, muy presente en las periferias urbanas y el único que desfiló este martes con los manifestantes. “¿La verdad? La izquierda tradicional es ya de derechas y LFI es el único partido que está cerca de los estudiantes, de los obreros y de los inmigrantes", apuntaba en la plaza de République Anna, estudiante de la Sorbona.

Mélenchon, aseguró, en declaraciones captadas por las televisiones, que se trata de la mayor movilización juvenil en 50 años y pidió a los participantes “prudencia”. “Es una cosa increíble lo que estáis haciendo, no os dais cuenta. Es el movimiento de juventud más poderoso que se haya visto en Francia en 50 años. Y nadie se atreve a deciros que estáis equivocados, porque tenéis toda la razó”.

El Gobierno afronta unas semanas claves sin margen de maniobra. El presupuesto para 2027, que los diputados deberán examinar a partir del 12 de octubre, contempla unos 50.000 millones de euros en medidas de ajuste. La deuda de Francia se encuentra en su nivel más alto desde 1946: 3,5955 billones de euros a finales de junio (121% del PIB).

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